Glocal: Gabinete Zas #07

“Gabinete Zas” nos retrotrae por séptima ocasión al universo de los gabinetes de objetos curiosos tan en boga en los siglos XV y XVI. Gabinetes que fueron los antecesores directos de los museos, pues en aquellos “cuartos de maravillas” se albergaban los frutos de los grandes descubrimientos y exploraciones de la época: fósiles, plantas, animales disecados, objetos… y arte. Como en aquellos gabinetes, en los propuestos por Zas el objetivo de clasificar o de filtrar por categorías los trabajos de lxs artistas es inexistente. Nos interesa en esta oportunidad la acumulación de “maravillas” sobre la temática de lo “Glocal”.

Sobre el concepto glocal.
Lo local no es un a priori, una realidad primaria, inmóvil, un dato preexistente. Lo local vino de otra parte, se resistió a la fosilización siempre y está buscando actualmente, como en el pasado, deslocalizarse. Lo local no es sino una provincia de lo universal, palabra cien veces preferible a la de global. “Si quieres ser universal”, decía Tolstoi, “habla de tu aldea”. Maese Shakespeare no fue, en ese sentido, sino un modesto dramaturgo local de una ciudad de algo más de cien mil habitantes. Un dramaturgo que “pensaba globalmente y actuaba localmente” (que actuaba, de hecho, en un pequeño teatrillo de Londres llamado Globe Theater, con un aforo no superior a las tres mil personas). Albert Einstein, por su parte, desarrolló la teoría de la relatividad, la especial y la general, mientras vivía y trabajaba para la oficina local de patentes, en Berna, una ciudad de 60.000 almas. Lo local, diríamos, no es sino la condición geográfica necesaria del deseo de volar más alto o llegar más lejos. Pero lo contemporáneo, como diría Agamben, no es más que lo intempestivo. Condición que adquiere aquel o aquella que contribuye a la construcción de su época, precisamente por no encajar bien en ella, no importa cuál sea el origen local del que no encaja.
Lo peor de ser local, es el complejo. Si te acomplejas, pereces. Si te acomplejas te pasas la vida de localidad en localidad, no encontrando sino lo local en todas partes. Para regresar al final a tu patria chica donde rentabilizar el esfuerzo, acomplejando a los que te rodean, esos fastidiosos agentes locales.
Lo universal o global, en definitiva, no es sino la suma de lo que sólo puede darse a conocer a las pocas y locales amistades, a los pocos aficionados y entendidas locales, a la espera de algún reconocimiento actual o ulterior, próximo o lejano. O, incluso, sin esperanza.
En esta tensión entre lo global o universal y lo local, situamos conceptualmente esta nueva reclamación de obras de arte, a las y los generosos artistas de nuestro contexto, para conformar un nuevo gabinete de maravillas en el espacio “glocal” de ZAS kultur.

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