Exconfinadxs

Lo más interesante de Confinadoxs como exposición fue, sin duda, el excepcional marco de su propuesta y producción, el omnipresente y reiterativo confinamiento. El hecho de verse forzado ZAS kultur, la organización promotora de la actividad, por las circunstancias, a solicitar a las y los artistas invitadxs, a hacer de tripas corazón, a hacer virtud de la evidente necesidad de trabajar en las obras de arte y encontrar el modo de exponerlas, cada uno, en su domicilio. El punctum, o sea lo que nos pincha y nos hiere, lo que nos anima en la contemplación de una imagen (R. Barthes, “La cámara lúcida”), vendría garantizado en cada una de estas obras de arte, en teoría, por el carácter doméstico, domiciliar, y, por tanto, íntimo, del despliegue de la obra. Siendo la obra de arte como es, en realidad, la suma de texto y contexto, en este caso concreto, sería además, previamente, el resultado de la adhesión de un objeto a una pared doméstica.

Pues las casas tienen siempre, la nuestra para los otros y las de las otras para uno, un gran interés humano. Lo que los otros nos muestren de sus espacios domésticos, el escenario de sus interesantes o anodinas vidas privadas, o, en el mismo acto, lo que quieran hurtarnos, por la vía del maquillaje o directamente del engaño (aunque esto es difícil saberlo), nos atrae irremediablemente. Tienen interés inconfesable las casas de los muy o medianamente ricos haciendo ostentación de su riqueza inmobiliaria, de la abundancia de espacio en general y de su gusto refinado en cuestion de diseño de interiores y decoración, la mayoría de las veces mercenario. Y tiene interés, también inconfesable, la casa del artista, que según el cliché, debe ser también la de una bohemia o un bohemio, la de un miembro conspicuo del lumpenproletariado, conforme a la célebre taxonomía propuesta por el experto en teoría de clases Carlos Marx (Capítulo V de su libro “El 18 de brumario de Luis Bonaparte”). Tiene interés la casa, sobre todo, del artista pobre o del pobre artista, que en algunos casos será una dependencia menor anexa al estudio, y, en otros, lo contrario, pues el estudio puede reducirse a un rincón en la cocina de una casa minúscula, sin vistas ni a lo verde ni a lo azul. Lo mejor en estos casos, es ser artista conceptual, que te permite prescindir tanto de estudio como de casa. Será posible entonces contrastar con la realidad, en cualquiera de estos extremos propuestos, nuestros anticuadísimos prejuicios y decepcionarnos, un poquito, en algún sentido.

¿Dónde podría renovarse entonces, el interés en este conjunto de trabajos site specific desprovistos ahora de toda referencia a su specific site original, por obra del desconfinamiento gradual de obras, artistas y audiencia, a causa del regreso parcial a la normalidad? ¿De qué fuentes deberíamos beber en este momento preciso de la desescalada, para alumbrar en nuestra audiencia el deseo de contemplar en vivo estas obras de arte, privadas ahora de su legítima pared, para ser contempladas sin mediación digital ninguna en las de ZAS espazioa, bajo el rubro actualizado de Exconfinadxs?

Sin atrevernos a pontificar, ni mucho menos, sobre tan  escurridiza cuestión, parece evidente que lo único nuevo que puede ofrecerse, dadas las actuales circunstancias, aparte de las famosas peladillas y cacahuetes de ZAS, es justamente eso que nos estábamos perdiendo irremediablemente al tratarse la mayoría de estas obras de objetos no digitalmente nativos. A saber, su genuino y auténtico plano significante, que es precisamente aquello que permite la percepción y el disfrute de importantes matices de las obras a los verdaderos aficionados. Y también lo propio y sumamente valioso de las obras de arte, así como de las personas (lo que ahora sabemos algo mejor que antes), que no es otra cosa que su presencia, de la cual no hay, por el momento, copia, como bien decía el no suficientemente ponderado Walter Benjamin (“La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica”).

Para ir concluyendo. Lo que que ZAS puede ofrecernos en este momento en relación al variopinto grupo de obras, anteriormente mostradas en exposición distribuida e inaccesible, no es otra cosa que las mismas obras de arte, que las obras de arte en sí (excepto por la pared original) pero acompañadas, a cambio, de algo de su aura, la anticuada superstición propuesta por W. Benjamin como la más inobjetiva pero eficaz de las características diferenciales de una obra de arte.